El ritmo que no necesita ojos: la historia de María del Rosario y sus 'Bosques del Folclor'

Para María del Rosario Jiménez, el mundo no se define por las formas ni por los colores que entran por los ojos. Su realidad se compone de compases, de vibraciones sobre la madera y del crujir de las faldas tradicionales colombianas. María del Rosario, una mujer con discapacidad visual, es la mente, el corazón y la brújula detrás de Bosques del Folclor, una agrupación y emprendimiento de danza folclórica que está transformando la vida de los adultos mayores.
Nacida en las entrañas de los procesos comunitarios, esta iniciativa comenzó como una alternativa de bienestar y salud para las personas de la tercera edad. Hoy, se ha convertido en una muestra viva de que el arte no entiende de barreras físicas ni de fechas de nacimiento.
Guiar desde el oído y el corazón
Ver ensayar a Bosques del Folclor es presenciar un milagro de sincronía. Sin la capacidad de ver las formaciones de sus bailarines, María del Rosario coordina los ensayos afinando sus otros sentidos. Identifica el arrastre de una alpargata, la fuerza de un zapateo de bambuco, o la alegría contenida en una risa que rompe la timidez de la vejez.
"La danza es medicina. En la casa el cerebro se marchita, pero aquí, el cuerpo sana y el alma se oxigena", comparten los integrantes del grupo, quienes ven en su coordinadora un ejemplo absoluto de resiliencia y liderazgo.
Bajo su dirección, un grupo de valientes adultos mayores ensayan rigurosamente ritmos autóctonos como la carranga, las vueltas antioqueñas, el bambuco y las guabinas. Cada coreografía es una lección de memoria colectiva, donde los adultos mayores demuestran que no son simples espectadores pasivos de la cultura, sino los verdaderos portadores y guardianes de nuestra identidad cultural.
Más que danza, un proyecto de vida
Bosques del Folclor ha dejado de ser solo un taller de fin de semana para convertirse en un emprendimiento social. La agrupación ya pisa fuerte en distintos escenarios, siendo invitada a eventos locales y festivales comunitarios donde el público los ovaciona de pie. Para sus integrantes, este espacio representa un quiebre contra la soledad y una terapia invaluable para la motricidad, el equilibrio y la salud mental.
María del Rosario Jiménez demuestra con creces que la verdadera visión nace del alma. Al frente de Bosques del Folclor, no solo coordina pasos de baile; teje redes de apoyo, devuelve la dignidad a la vejez y siembra un bosque sonoro de tradición que promete seguir floreciendo en cada rincón que pisen sus bailarines.
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