Ni lamer las botas que te pateanComportamientos que corresponden a serias alteraciones emocionales o sociológicas explican el porqué, por ejemplo, en la guerra de secesión de los Estados Unidos, los confederados del sur (que entre sus postulados más definidos mantenían la esclavitud), por razones sociopolíticas y sobre todo económicas, conformaron sus tropas básicamente con esclavos negros que precisamente pretendían ser liberados por el ejército de la Unión o unionistas del norte.
Este fenómeno social igualmente se replicó en algunas regiones de América Latina durante la guerra de independencia. Así lo demuestra la presencia aguerrida y, si se quiere, heroica de personajes como Agustín Agualongo, quien comandó un reducto indígena contrarrevolucionario que ofreció seria, violenta y combativa oposición al ejército libertador comandado por Simón Bolívar.
Seguramente la sumisión correspondía a patrones de obediencia de vida por arraigo religioso y otros mandatos de gamonales, pastores y sacerdotes que, desde los centros de poder o desde los púlpitos, pregonizaban los futuros castigos celestiales o el inminente destino al infierno por atreverse a luchar contra los amos imperialistas o tradicionales señores dueños de las tierras y de sus vidas.
Esta cultura de entrega y rendición obediente ha sido promovida por los medios de comunicación al servicio de los políticos y dueños del poder, que a través del tiempo han generado el servilismo y la postración humillante de nuestros campesinos, obreros y sectores populares. Con poca reflexión o ningún rasgo de conciencia, mantienen esta pérfida actitud, traicionando sus propios valores, principios e intereses.
Esta puede ser una de las tantas explicaciones de por qué el modelo de pensamiento derechista cuenta con tanto poder entre los trabajadores más humildes y los empobrecidos de nuestras barriadas, que se niegan a sus propias reivindicaciones. Así lo demuestran los resultados de las últimas elecciones de nuestro país; el conservatismo y el fascismo triunfaron contando, paradójicamente, con respaldo popular, lo que puede aplazar una oportunidad histórica y emancipadora.
Más que lamentarnos y, como los antiguos esclavos, continuar lamiendo nuestras heridas, debemos aprestarnos a defender las conquistas sociales con dignidad, hoy seriamente amenazadas. Debemos proseguir la causa emancipadora. Tenemos pocos días para conversar con esos humildes y empobrecidos que, con gran esfuerzo y contradiciendo los postulados de los magnates y verdaderos dueños de nuestro país, han mantenido una férrea y desalmada oposición que ha entorpecido los superiores propósitos del primer mandatario popular, sistemáticamente vilipendiado por las cajas de resonancia de esas castas dominantes. Sin ningún tipo de sentimiento positivo o compromiso propositivo, se confabulan para hundir los proyectos sociales, no solo en el Congreso de la República, también al interior de las instituciones y en los centros de poder territorial, hundiendo así los sueños colectivos, la ilusión y la esperanza de una sociedad más justa y equitativa, de un mundo mejor expresado en el plan de gobierno y en los propósitos progresistas que debemos abrazar, impulsar y proclamar: que el salario más digno de la historia de nuestro pueblo se materialice y que los alcances y logros de nuestras comunidades persistan.
En general, para que los beneficios y la oferta institucional se profundicen en más y mejores posibilidades y oportunidades, para que la educación, la salud y el bienestar sigan siendo derechos y no vuelvan a ser mercancía comercializada por los mercaderes y las mafias aún enquistadas en los grupos de poder, por parte de los terratenientes y explotadores que hoy se frotan las manos ante una aparente derrota de nuestros sectores sociales.
La tarea puede ser sencilla: requiere una cuota de esfuerzo personal, hablar con nuestros familiares, vecinos, compañeros y amigos para que en las próximas elecciones salgan de la zona de comodidad y tomen acción por su propio beneficio y el de los seres que aman. Nuestras comunidades lo ameritan, los avances de nuestra sociedad lo requieren y el próximo 21 de junio renovaremos nuestro compromiso votando por Iván Cepeda con el anhelado mejor futuro, convocando a los seguidores de las y los candidatos más afines con el Proyecto Progresista y la emancipación de nuestros pueblos.
Hasta la próxima ocasión, me despido con todo afecto.
Por: Nelson Julián Villamizar