La política es inherente a los seres humanos

07.10.2025
No es vergonzante, no es hipócrita ni clandestina

La política no es un privilegio de élites ni un juego de poder reservado para quienes gritan más fuerte. Es, en su esencia más profunda, una forma de pertenencia. Una manera de decir “yo también estoy aquí”, “yo también decido”, “yo también importo”. Y cuando hablamos de personas con discapacidad, esta afirmación adquiere una urgencia ética y social que no puede seguir siendo ignorada.

Durante décadas, la política ha sido presentada como un terreno ajeno para quienes viven con alguna discapacidad. Se les ha relegado al margen del debate, como si sus vidas no fueran atravesadas por decisiones públicas, como si sus voces no tuvieran derecho a resonar en los espacios donde se define el rumbo de lo colectivo. Pero esta exclusión no es natural: es política. Y como tal, puede y debe ser transformada.

La política no es vergonzante. Lo que sí debería avergonzarnos es que aún existan barreras físicas, comunicativas y culturales que impiden a millones de personas ejercer plenamente su ciudadanía. No es hipócrita. Lo que sí resulta hipócrita es hablar de inclusión sin garantizar accesibilidad en los procesos electorales, en los espacios de deliberación, en la construcción de leyes. No es clandestina. Lo que sí permanece oculto es el talento, la experiencia y la visión de quienes han sido sistemáticamente invisibilizados.

Reconocer que la política es inherente al ser humano implica aceptar que toda persona, sin excepción, tiene derecho a participar en la construcción del mundo que habita. Implica entender que las personas con discapacidad no son beneficiarias pasivas de políticas públicas, sino agentes activos de cambio, líderes, pensadoras, defensoras de derechos, constructoras de paz.

Cada rampa construida, cada intérprete de lengua de señas en un debate público, cada documento accesible, cada voto emitido por una persona con discapacidad, es una victoria política. No porque se trate de una concesión, sino porque es el ejercicio pleno de una pertenencia que nunca debió ser negada.

La política, en su mejor versión, es el arte de convivir dignamente. Y no hay dignidad sin inclusión. No hay democracia sin accesibilidad. No hay justicia sin participación.

Por eso, cuando alguien diga que “la política no es para todos”, recordémosle que la política es, precisamente, el espacio donde ese “todos” se construye. Y que sin las personas con discapacidad, ese “todos” está incompleto.

Porque la política no es un lujo. Es un derecho.Y como tal, debe ser defendido, habitado y transformado por todas las personas. Sin excepción.
Por: Nelson Julián Villamizar

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