De la incertidumbre a los imperativos éticos

24.07.2025
Si alguna vez has querido entender el latido profundo de un país, no lo busques en sus titulares políticos, sino en las manos de quienes cuidan. Este 24 de julio, Colombia trazó un punto en la línea del tiempo donde la labor de las personas cuidadoras dejó de ser invisible y se convirtió en protagonista de una transformación colectiva.

Bajo el impulso de la H. R. Etna Támara Argote Calderón, se llevó a cabo una Mesa Técnica de alto nivel. No fue una reunión más. Fue un acto de reconocimiento, una convocatoria a las instituciones y a la comunidad a mirar de frente los compromisos que surgieron tras la marcha de madres cuidadoras que en mayo cruzaron el país con una sola pregunta: ¿quién cuida a quienes cuidan?

Quince entidades públicas, ocho mesas de trabajo y cuarenta acuerdos que no descansan en papel, sino en promesas vivas. Cada compromiso representa una nota en la sinfonía del cambio, y esta Mesa Técnica fue el escenario donde esa música empezó a rendir cuentas.

Las entidades gubernamentales o sus servidoras y servidores junto a la sociedad civil, fueron llamadas a hacer visible lo invisible: mostrar qué se ha cumplido, qué está en marcha y qué falta por construir. Porque el seguimiento no es burocracia. Es una brújula ética que orienta el esfuerzo hacia la equidad.

La Representante a la Cámara no solo lanzó una convocatoria: abrió una puerta. Para que el cuidado —esa fuerza que sostiene hogares, cuerpos y memorias— se inscriba en los mecanismos del Estado con la misma seriedad que cualquier política pública.

El agradecimiento a las entidades presentes fue más que cortesía. Fue una señal de que el país empieza a entender que cuidar no es un gesto individual, sino un acto profundamente político. Uno que merece recursos, respeto y reforma.
El próximo encuentro para seguir conectandonos en favor de la población de personas con discapacidad será el próximo mes de agosto, y allí se continuará en la ruta de seis pasos para la construcción de más oportunidades y mejores realidades:

1. Actualización conceptual y normativa para intronizarnos en el modelo social de discapacidad.  
2. Fortalecimiento institucional para reorganizar y ampliar esta ruta como mínimo durante los próximos 10 años.  
3. Garantizar condiciones amplias y suficientes para la real y efectiva participación ciudadana.  
4. Suprimir barreras estructurales para el adecuado abordaje de la población de personas con discapacidad, en un relacionamiento de respeto, dignidad, compromiso institucional y social.  
5. Acatar los mandatos de convenios internacionales, jurisprudencia y pronunciamientos que dan vida y razón de ser a la democracia colombiana.  
6. Definir el propósito superior del Estado en cuanto a la defensa y promoción de los derechos de esta comunidad en todos los territorios.

También es imperativo conocer las cifras exactas de cuántas son las personas con discapacidad, así como las cuidadoras y cuidadores que permitan el cruce de variables sociales, culturales y económicas de esta comunidad, junto a las presupuestales del Estado colombiano. Esto garantizará una atención adecuada para propiciar, en un futuro no muy lejano, la autogestión, la autonomía y la independencia de las personas con discapacidad, las cuidadoras y cuidadores como un proyecto común.

Cuando una sociedad reconoce a quienes cuidan, no solo repara una deuda histórica; transforma su forma de entender la libertad. Porque cuidar es liberar. Liberar del abandono, de la indiferencia, del olvido institucional. En este mes donde evocamos el nacimiento del Libertador, emerge otra forma de emancipación —una revolución silenciosa que se da en la cotidianidad, en las jornadas de 24/7 que sostienen vidas y dignidades. Por eso, más que avanzar hacia una meta técnica, este proceso nos propone un destino ético: que el cuidado sea bandera de país, horizonte de política, y pulsación humana que nunca deje de escucharse. 
Por: Nelson Julián Villamizar
📸 : Geraldine Vergara

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